Ya no puedo doblar
mi disfraz sobre la cama.
Me ha sometido,
anda por mis pensamientos
esa bruma vírica
de la odiada familiaridad.
No hay contrapeso,
me traga ineludible
la puntualidad vulgar de la vida.
La falta de discordancia
asumía que mi cara
es ya sólo la máscara
y en esta máscara
sólo veo que no soy tú.
Me arrincona
la respiración de sus imagenes
oxigena el cáncer
que cortafuega acertado
cualquier intento
de ultra contra-represión.
Sin tiempo para formular
siquiera preguntas
que supiera responder,
el pasillo se ha convertido
en un fortín de cartón.
Tengo miedo de todos sus ruidos
atraviesan
hasta dejarme en blanco,
me arrastra en esta súplica
y no combato porque muero
porque ya he muerto
porque ya he perdido
porque ya me he convertido
en tí , que será a mí
una espiral más que vestir
bautizado por el parecido
percibido pío y potente
poderoso y consecuente se otorga
un cantón no reconquistado.
Firmo la solicitud
de embargo del intelecto
y la presión cede
hasta depositar fértil
esta muestra,
sólo muesca con genital,
que hacen al hommo adicctus
feliz de vulgaridad
mientras se aparta
ya despierto y sintonizado,
de nuevo el esclavo
en el que me veo
cada instante retratado.
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Las máscaras son proporcionalmente bellas a lo sorprendentemente crueles suelen ser los rostros que cubren. Una rosa, es una rosa.
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